Guión de cine: La construcción del personaje

Cinematografía. Esencia. Modificación. Estilo. Análisis transaccional. Enfoques. Acción dramática. Conflictos. Leyes. Caracterización. Construcción

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La construcción del personaje

 

EL PERSONAJE DE LOS MANUALISTAS

 

Piedra fundamental del edificio dramático, el estudio del

 

personaje encuentra lugar preponderante en todos los manuales de

 

dramaturgia: no existe, prácticamente, narración sin

 

personaje(1), razón por la cual, su inclusión en cualquier

 

modelo de construcción dramática, se da por descontado. Hay sin

 

embargo, algunos presupuestos, tácitamente aceptados por los

 

manualistas que ameritan una breve discusión:

 

- El término personaje abarca, generalmente, el ámbito particular

 

del personaje naturalista, cuya manifestación más acabada la

 

podemos encontrar en el moderno drama psicológico

 

(paradigmáticamente, en dramaturgos como Ibsen). Este personaje,

 

definido sociológicamente, poseedor de una identidad psicológica

 

y moral similar a la de los hombres, es un efecto de persona y

 

como tal, es aproximado, para su construcción, con variables

 

idénticamente "realistas". Cabe destacar que el personaje

 

naturalista no agota en ningún modo el inventario de los grandes

 

personajes dramáticos, ni del teatro ni del cine(2).

 

- Una segunda distinción, en general eludida en los manuales,

 

prevé la diferenciación entre lo que Pavis denomina personaje

 

leído y personaje visto, diferencia que remite, en su vertiente

 

de escritura, a la existente entre el personaje creado para ser

 

leído (personaje del guión) y el personaje encarnado por el actor

 

e integrado al filme. El personaje inventado por el dramaturgo

 

participa de algún modo de una doble realidad, compleja y, en

 

cierto modo, inaprensible: es, inevitablemente, un efecto de

 

texto, en el preciso sentido de Genette, y también, una invención

 

sígnica que reproduce, en un grado imposible de identificar -a no

 

ser a través de la subjetividad del escritor- el producto de una

 

"puesta en escena imaginaria" que tiene lugar en la mente del

 

dramaturgo(3). De estas dos vertientes, es solamente la textual

 

la única susceptible de ser analizada con precisión y, poste-

 

riormente, modificada a partir de ese análisis. De una manera u

 

otra, todo escritor construye su objeto en un va et vient del

 

texto a su escena imaginaria.

 

- Toda discusión en relación al personaje, se sitúa, desde

 

Aristóteles, dentro de un continuum en cuyos extremos el

 

personaje, o es postulado como esencia que actúa (ser que hace),

 

o es descrito como resultado de una acción (hacer que hace

 

ser)(4) La conciliación de estos dos extremos, presente en

 

las teoría del relato desde Propp y afirmada por analistas menos

 

formales como Bentley(5), constituye, a nuestro entender, un

 

enfoque de incuestionable poder a la hora de la construcción

 

dramática.

 

LA ESENCIA DEL PERSONAJE

 

La discusión en torno a la primacía entre el personaje y la

 

acción se concreta en la manualística del guión, en forma de

 

predilección, ora esencialista, ora dinámica, en los

 

autores estudiados. Lajos Egri introduce, en su excelente

 

manual, una descripción que pretende ser exhaustiva. Para

 

la elaboración de la estructura básica (bone structure) del

 

personaje, Egri procede, en primer lugar, a la construcción

 

de lo que denomina el diseño de su tres dimensiones:

 

Dimensión física-fisiológica: sexo, edad, descripción física

 

(peso, altura), apariencia, defectos deformidades, enfermedades);

 

Dimensión social: clase social, ocupación, educación, religión,

 

raza, nacionalidad, filiación política; Dimensión Psicológica:

 

historia familiar, Vida sexual, autoestima, actitud frente a la

 

vida, habilidades, cualidades, I. Q.

 

Bajo la visión de Egri, el escritor debe, en primer lugar, agotar

 

una construcción del personaje que sea capaz de definir,

 

orgánicamente, cada uno de los componentes de las dimensiones

 

antes citadas. Lejos de constituir este recurso una técnica de

 

acumulación de datos, el autor quiere motorizar una reflexión

 

dinámica, que permita llevar a cabo dicha construcción. Sin

 

embargo, el enfoque dialéctico de Egri no se agota en una tal

 

enumeración. Egri pide que el personaje sea elaborado en

 

relación dialéctica con su ambiente, que se trabajen sus

 

vínculos y sus contradicciones internas y externas y -aspecto

 

dinámico muy importante- que el personaje construido sea capaz de

 

crecer, con fuerza de carácter en torno a la unidad de

 

opuestos(6). La orquestación, por otra parte, asegura la

 

diversidad de apariencias y actitudes de los personajes que

 

intervienen en el universo dramático. Cucca afina tal

 

diversidad hasta la configuración de grados de disimilitud (1°,

 

diversidad física; 2°, de objetivos; 3°. de comportamiento; 4°,

 

diferencias de comportamiento en un mismo personaje). Por

 

último, Egri solicita del dramaturgo la construcción de la

 

dialéctica interior del personaje, es decir, el universo de

 

motivaciones y de causas y efectos que llevan al personaje a ser

 

lo que es.

 

Este último aspecto, es desarrollado por diferentes autores en

 

detalle. Para Eugene Vale se reduce a la determinación del

 

motivo (razón por la cual el personaje quiere o necesita lograr

 

el objetivo), la intención (situada a nivel volitivo) y el

 

objetivo (meta a lograr u objeto a obtener por el personaje),

 

mientras que Cucca, rozando quizás involuntariamente el aspecto

 

de lo que podrían denominarse los niveles conscientes e

 

inconscientes del personaje, diferencia entre las necesidades

 

propiamente dichas del personaje y sus intenciones. Por su parte

 

Syd Field engloba motivo, intención y objetivo en el concepto

 

de necesidad dramática (dramatical need), concepto que parece

 

emparentarse con el de super-objetivo de Kulechov.

 

Para dar cuenta de los aspectos relacionales del personaje

 

también con mayor detalle, Cucca habla del comportamiento. Así,

 

la caracterización del personaje requiere del conocimiento de su

 

comportamiento ante las acciones de los demás personajes, ante

 

los obstáculos y en relación al lugar en que se desenvuelva.

 

Para Field esto se resume en el problema del punto de vista del

 

personaje (una escogencia de perspectiva, al decir de Pavis en

 

relación al conflicto principal.

 

Según Antoine Cucca la dramaturgia del cine europeo se

 

caracteriza porque, en ella, la individuación de los personajes

 

sirve de punto de partida para el desarrollo de las acciones. El

 

cine de los Estados Unidos prefiere descubrir

 

(¿aristotélicamente?) al personaje directamente por las acciones.

 

Esta afirmación, quizás teñida de subjetividad, se constata sin

 

embargo en los principales manualistas norteamericanos(7).

 

Field, el más importante de ellos, lo dice de un modo

 

contundente: el personaje es lo que hace. Su interior es todo lo

 

que suponemos le ha acontecido antes del tiempo presente narrado

 

en el film y que conforma su carácter actual. (Es precisamente

 

ese el sentido de la sucinta biografía que el autor recomienda

 

construir para el personaje)(8). Su exterior es lo que cuenta en

 

el presente diegético y se revela, casi exclusivamente, a través

 

de la acción(9). Esta subordinación del ser del personaje a la

 

acción dramática es patente en otro autor importante: Dwight

 

Swain. Para el autor de Film Scriptwriting, cada uno de los

 

factores constituyentes del personaje se construye alrededor de

 

la acción: aspectos externos como la impresión dominante

 

(overall impact) o las etiquetas de reconocimiento o tags (de

 

apariencia, del habla, "manierismos") y aspectos internos, como

 

el punto de vista, la actitud dominante, los intereses y lo

 

que Swain denomina el potencial climático, cuya definición

 

resalta el carácter dinámico de una capacidad del personaje:

 

Climax potential: "goal-motivated character's capacity for

 

harboring two strong emotions at once. [...] [A character who

 

has climax potential] though driven well-nigh compulsively by

 

desire, still can feel the pull of another, contradictory

 

emotion. (10)

 

La biografía queda reducida en Swain a la mera recopilación de

 

circunstancias del personaje que motivan o explican acciones que

 

tienen lugar en la historia y el mismo Field, al postular los

 

tres niveles de definición del personaje (profesional, personal e

 

íntimo), no hace más que indagar en tres niveles posibles de las

 

acciones. Este modo de proceder, aunque extremo, es, no

 

obstante, cercano al razonamiento de un teórico de la profundidad

 

de Howard Lawson, para quien, las características que definen a

 

un personaje, deben surgir de un proceso dinámico de selec-

 

ción no narrativo, "buscando [no material psicológico e

 

ilustrativo] ... sino un sistema de acciones". Muy lejos, sin em-

 

bargo de aquella petición, citada por el mismo Howard Lawson,

 

que, en su libro The Inn of Tranquility, conmovía a Galsworthy:

 

El dramaturgo que subordina sus personajes a la trama, en vez de

 

subordinar la trama a sus personajes, es culpable de un pecado

 

mortal.

 

En síntesis, aunque el diseño del personaje toca ciertos

 

aspectos que pueden considerarse como esencialistas y que lo

 

deparan un "cuerpo", una "vida" y una "historia", hay un énfasis

 

claro en los manuales de considerar como elemento esencialísimo

 

de construcción el hacer del personaje y de referir sus factores

 

constituyentes a la dinámica de su transformación.

 

LA MODIFICACION DEL PERSONAJE

 

"There is one realm in which

 

characters defy natural laws

 

and remain the same: the realm

 

of bad writing."

 

Lajos Egri. "The Art of Dramatic Writing"

 

No es posible hablar del personaje sin convocar su requisito

 

obligado: el de la modificación. Ya Aristóteles al hablar de la

 

acción, sitúa en la peripecia, el reconocimiento y la pasión,

 

tres instancias modificatorias del personaje. Aun cuando este

 

aspecto de la modificación será desarrollado con mayor detalle

 

más adelante, adelantaremos una breve discusión en relación al

 

uso que le dan los autores estudiados.

 

Para Lajos Egri, el llamado crecimiento del personaje constituye

 

una condición indispensable del buen drama:

 

...characters move relentsly from one state of mind to another;

 

they are forced to change, grow, develop...(11)

 

Ese crecimiento gradual, que evita las transiciones bruscas o

 

injustificadas en el personaje, tiene su origen en el conflicto:

 

The contradictions within a man and the contradictions

 

around him create a decision and a conflict. These in

 

turn force him into a new decision and a new conflict

 

(12)¨

 

Un ejemplo de esta gradualidad que lleva al personaje de un

 

extremo al otro, y por ende, de un universo de acciones al

 

universo opuesto, es el que proporciona Egri(13):

 

Amistad --> desencanto --> disgusto --> irrita-

 

ción --> rabia--> agresión--> amenaza --> preme-

 

ditación --> asesinato

 

Conviene señalar que las etiquetas del ejemplo describen

 

indistintamente tipos de vinculación (amistad), emociones

 

(rabia), sentimientos (disgusto, irritación) y acciones con-

 

sumadas (agresión, amenaza, asesinato). Esta imprecisión podrá

 

ser subsanada al recoger de Greimas la formulación de la acción

 

en términos de relaciones sujeto-objeto, como haremos más

 

adelante.

 

Los autores norteamericanos, aunque sin preocuparse del detalle,

 

también hablan de la modificación del personaje como de un

 

elemento de primera importancia. Swain la contempla como un

 

aspecto central en el diseño del personaje, asociándola con la

 

posesión de secretos (el personaje sería modificado, en ciertos

 

casos, por el descubrimiento o la revelación de ese secreto).

 

Tanto este autor, como James Boyle y Syd Field hablan del

 

cambio confinándolo al reino de los personajes protagónicos. Los

 

personajes secundarios, y sobre todo el antagonista, son

 

personajes que no cambian, o cambian muy poco (14).

 

Cucca sitúa la modificación del personaje dentro de un ciclo

 

apuntalado por los estados de la condición, aspiración y la

 

realización del personaje. Nuevamente nos situamos bajo un punto

 

de vista de la modificación del personaje que toma en cuenta su

 

voluntad consciente como instrumento de modificación. Este sesgo,

 

típico de una filmografía que prioriza la acción exterior y por

 

ende, la relación consciente con el medio, es precisamente el

 

compartido por los manualistas norteamericanos. Curiosamente, es

 

Lawson, un socialista (y norteamericano) quien los expresa más

 

explicitamente:

 

El significado de las situaciones se encuentra en el grado y

 

clase de voluntad consciente ejercida, y en cómo ésta funciona;

 

la crisis, la explosión dramática, se crea mediante una ruptura

 

entre el objetivo y el resultado; en otra palabras, mediante un

 

cambio de equilibrio entre la fuerza de la voluntad y la fuerza

 

del cambio social. Una crisis es el punto en el cual el balance

 

de fuerzas es tan tenso que a veces se quiebra, y causa así una

 

nueva alineación de fuerzas, un nuevo esquema de relaciones.

 

Por último, cabe citar el inventario, parcialmente aristotélico,

 

que lleva a cabo Chion, al enumerar los elementos que modifican

 

al personaje o, con el nombre que lleva el capítulo, "Qu'est ce

 

qui fait courir les personnages (et marcher les spectateurs)?"

 

Estos elementos son: el terror, la conmiseración, el cambio de

 

fortuna (la metabasis aristotélica), los ya mencionados

 

reconocimiento y peripecia (o coup de thèâtre(15)), el

 

malentendido o quiproquo, la deuda (de dinero, de un servicio

 

recibido, de la vida), la condición social, los valores morales,

 

las perturbaciones, las dificultades, la voluntad, la presencia

 

de un antagonista o de un objeto de extremado valor como el

 

llamado "Mac Guffin"(16). Toda esta agotadora enumeración tiene

 

sin duda el valor de recoger procedimientos de reconocida

 

universalidad, pero peca, en su particularismo, de mostrarnos un

 

universo fracturado en el cual, la característica esencial del

 

mecanismo de modificación del personaje, aparece diluida. Nos

 

volveremos a preguntar acerca de ese mecanismo posteriormente.

 

PERSONAJES Y PERSONAS

 

Remarquemos, una vez más, que a través de la discusión

 

precedente, nos hemos referido al personaje como a una instancia

 

obligatoria de la invención dramática(17), que de alguna manera

 

toma su fuente de inspiración en la persona humana. No obstante,

 

este componente narrativo, este efecto de texto como ya lo hemos

 

señalado, no debe confundirse nunca con un ser humano.

 

Hasta un pragmático como Swain no puede dejar de afirmar en su

 

manual:

 

A film character is a simulation and simplification of a

 

person. Though played by a living actor, he is not an actual

 

human being(18).

 

Hay que subrayar que las investigaciones de los semiólogos ha

 

deslindado para el texto la total autonomía de sus

 

actantes(19), incluso, en la instancia del narrador(20),

 

circunstancia que eleva a nivel semiótico la imagen de

 

cualquier ser humano apenas es objeto de un relato, o, para

 

decirlo con la hermosura de las palabras de Gérard Genette:

 

...Paris et Balbec sont au même niveau, bien que l'un soi

 

réel et l'autre fictif, et nous sommes tous le jours objects

 

du récit, sinon héros de roman (21).

 

Esta previsión, si duda nada redundante, nos guardará, si no de

 

cometer errores, por lo menos de caminar con el máximo cuidado a

 

la hora de establecer algunos paralelos con objetos más terrenos

 

y riesgosos como los de la lingüística y el psicoanálisis.

 

EL USO DE ALGUNOS MODELOS FORMALIZADOS

 

En lo que sigue se intenta ampliar la reflexión acerca del

 

personaje mediante la revisión de ciertas formalizaciones

 

extraídas de la semiología y de la lingüística. Se espera que,

 

lejos de obstaculizar el curso de la intuición en la tarea

 

creadora, estas reflexiones puedan contribuir a enriquecer

 

territorios sobre las cuales la inventiva, elevándose sobre la

 

técnica, debe siempre desplazarse libremente, sabiendo

 

aprovechar los aportes que una mesurada consideración teórica

 

pueda proveer.

 

PERSONAJE, OBJETO Y FALTA

 

El personaje es personaje porque es y porque hace, porque

 

instaura su identidad sobre el universo que le diseñamos y se

 

debate entre el deseo que le inventamos y la fatalidad que

 

decidimos imponerle. El azar del personaje es la conveniencia de

 

nuestro texto, y el mundo de casualidades en que éste se mueve,

 

no es más que la manifestación superficial de una lucha entre

 

dos fuerzas que tensan la estructura narrativa: una que se define

 

a partir de las intenciones del personaje y otra que impone el

 

desenlace previsto por el autor: el texto es arena para la Ley y

 

el Deseo, digámoslo una vez más, pero para la Ley y el Deseo tal

 

y como se enfrentan y transmutan en el imaginario del escritor.

 

Nos encontramos entonces con el hecho de que uno de los motores

 

del relato se inscribe en el personaje: la historia es porque el

 

protagonista quiere algo. Desea. O, dicho de otro modo, carece de

 

algo. Ya Propp, en su análisis del cuento maravilloso, señala

 

esta importancia de la carencia:

 

La carencia (o privación) inicial es una situación que,

 

imaginamos, data de muchos años cuando comienza la acción. Pero

 

llega un día en que el mandante (o el buscador) se da cuenta de

 

pronto que le falta algo, y este instante origina la motiva-

 

ción, ya sea para el envío de una expedición, ya sea para

 

marcharse directamente a la búsqueda.

 

Este énfasis en la falta como constitutiva es, según creemos,

 

vital en el diseño de un personaje con capacidad de actuar y nos

 

ha llevado, en nuestra primera búsqueda de modelos

 

extra-literarios, hasta Lacan. La vacuidad sustancial en la

 

constitución del sujeto aparece, según Lacan, en la denominada

 

fase del espejo. En palabras de Hornstein:

 

Para Lacan el yo se forja como una envoltura psíquica ortopédica

 

desde la trama intersubjetiva y en función del desamparo

 

infantil. Hay una coincidencia imposible entre el yo del

 

enunciado y el sujeto del inconsciente. El yo se origina en una

 

dialéctica de identificaciones narcisistas con imagos que generan

 

una discordancia progresiva entre el yo y el sujeto: desde la

 

fase del espejo el niño es capturado por una cadena causal de la

 

que nunca será otra cosa que efecto.

 

Lacan explica la formación de la identidad sobre una primera

 

carencia constitutiva: somos, porque alguna vez alguien deseo que

 

fuéramos. Somos deseo del otro sobre un pre-sujeto que no es, y

 

que construye su identidad en la complacencia de este deseo

 

materno. Somos, pues, por haber sido objeto de un deseo

 

exterior, signados por una primera carencia desde que nos

 

constituimos en sujeto. Esta carencia motoriza y direcciona

 

nuestros movimientos posteriores:

 

El deseo no es ni el apetito de la necesidad, ni la demanda de

 

amor: a la realidad del deseo no se llega partiendo de la

 

necesidad, sino que es el deseo del deseo, inscripto en el orden

 

del significante. El placer está ligado a la búsqueda de un

 

objeto que no cobra su valor sino de su diferencia con otro

 

perdido.

 

Agrega Kizer:

 

A partir de la falta, de la castración, [la teoría lacaniana] nos

 

enseña su función determinante en la organización y la repetición

 

insistente de la cadena significante, lo cual ocurre en las

 

estructuras míticas y utópicas. En ambas se parte de la falta,

 

que tratan de obturar en el pasado (mito) y en el futuro

 

(utopía).(22)

 

Las consideraciones anteriores nos llevan a nuestra primera

 

formulación en relación al diseño del personaje: más que un

 

cúmulo de virtudes, más que un agregado de cualidades que visten

 

una corporeidad imaginada, un personaje puede ser diseñado a

 

partir de sus carencias constitutivas. No es que las cualidades,

 

las características del personaje en el sentido ya estudiado,

 

sean innecesarias: por el contrario, su diseño contribuye a la

 

investidura temática del personaje, a su poder representativo en

 

términos de los valores que circulan en el relato. Pero lo que

 

confiere al personaje la posibilidad de actuar es precisamente lo

 

que no tiene, la carencia de algún objeto perdido. A esta altura

 

es pertinente incorporar una definición formalizada por Greimas

 

y Courtés y que nos parece de definitiva relevancia: la defini-

 

ción de actante.(23)

 

El actante puede concebirse como el que realiza o el que sufre el

 

acto, independientemente de cualquier otra determinación. Así,

 

citando a L. Tesnière de quien se toma este término, "los

 

actantes son los seres o las cosas que, por cualquier razón y de

 

una manera u otra -incluso a título de simples figurantes y del

 

modo más pasivo- participan en el proceso..."

 

Cada personaje es susceptible de desempeñar un rol actancial,

 

según realice o sufra determinados actos. Para hablar con rigor,

 

hay que distinguir previamente entre dos tipos de enunciados que

 

aparecen en el texto: en primer lugar, los enunciados de estado,

 

los cuales "corresponden a la relación entre un sujeto y un

 

objeto" (24) y las transformaciones o enunciados de hacer, que

 

implican cambios entre enunciados de estado.

 

Si bien el interés de Greimas se sitúa a nivel del análisis del

 

enunciado, nivel en el cual se ejecuta la distinción entre, por

 

ejemplo, una estado de conjunción y otro de disjunción, a

 

nosotros nos interesa una interpretación de estos modelos

 

actanciales más referida al significado (al efecto de realidad)

 

que nosotros conferimos al personaje. No se tratará de considerar

 

los enunciados que remiten a tal a cual estado, sino de

 

interpretar las representaciones formales como estados mismos que

 

adjudicamos a los personajes. Valgan algunos ejemplos:

 

- El diseño del héroe de aventuras -en consecuencia con los

 

estudios de Propp - supone el de un sujeto (digamos Indiana

 

Jones) en disjunción de un objeto de valor (el Santo Grial). La

 

historia transcurre para que se opere la transformación del

 

estado disjunto al estado conjunto.

 

- Toda historia de amor supone el diseño de personajes (por lo

 

menos dos) para quienes el personaje amado (objeto de amor)

 

invoca una obligante emergencia conjuntiva. De no alcanzarse la

 

conjunción, sobreviene la tragedia (Romeo y Julieta, por

 

ejemplo).

 

Volviendo al problema del diseño del personaje en términos de sus

 

carencias, podríamos reformular las consideraciones previas

 

señalando que inventar un personaje, y más generalmente, formular

 

un actante, implica escoger un conjunto de objetos de valor en

 

disjunción con el mismo, es decir, formularlo como un sujeto

 

carenciado, signado por la falta que representa la no conjunción

 

con dichos objetos. Cada personaje es, en cierto sentido, como el

 

sujeto tachado de Lacan, S, un sujeto definido por su falta. En

 

términos de una metodología constructiva, podríamos comenzar

 

diciendo que el primer paso en el diseño de un personaje

 

consistirá en la determinación de sus faltas y, en particular, en

 

la formulación del objeto de valor principal asociado al

 

personaje. Esta formulación generará a su vez una construcción

 

en dos sentidos: hacia el "pasado" del personaje, y por ende, a

 

la construcción de su historia previa, en la búsqueda de las

 

determinaciones "psicológicas" o "históricas" en general que han

 

motivado dichas carencias (y que aflorarán, explicativa o

 

temáticamente en el transcurso de la diégesis); y, princi-

 

palmente, una construcción orientada hacia el futuro, que dará

 

cuenta del itinerario de "alejamientos" y "acercamientos" entre

 

sujeto y objeto y constituirá la acción dramática misma.

 

Algunas las "leyes" (ver Capítulo: De Leyes y Caprichos) que

 

afectan la construcción del personaje podrían comentarse a la luz

 

de esta consideración:

 

- La autonomía del personaje está relacionada con la esfera de

 

sus intereses propios, es decir, con sus carencias esenciales.

 

El personaje será fiel a su búsqueda (con una fidelidad que le

 

es específica) lo cual es también un modo de asegurar su

 

consistencia.

 

- La fuerza de la voluntad de un personaje no es más que un

 

síntoma de la profundidad o de la esencialidad de su falta. El

 

empeño persecutorio de un policía no nos habla más que de su

 

potencia reparadora. Idénticamente, la intensidad de una obsesión

 

amorosa de la necesidad ser de amado, etc.

 

- En términos globales, la orquestación demandará una repartición

 

de faltas entre los personajes, faltas que resultarán ser de

 

naturaleza diferente e incluso contrastante (el que tiene dinero

 

no tiene amor, el que tiene amor es impotente, la de gran corazón

 

no es bella, etc.). De esta manera se asegura la circulación de

 

una variedad de objetos de valor que serán intercambiados en el

 

relato.

 

ESTILO DEL PERSONAJE

 

Los modos de consecución de un objeto de valor constituyen un

 

estilo del personaje y pudieran ser asimilados a los que en el

 

Análisis Transaccional se denominan Guiones de vida, debidos a

 

Eric Berne. Un guión de vida es para Berne, según cita G.

 

Gutiérrez en un trabajo publicado por Roman J. M.:

 

... un programa en marcha, desarrollado en la primera

 

infancia bajo la influencia parental que dirige la conducta

 

del individuo en los aspectos más importantes de su vida.

 

James y Jongeward distinguen cuatro niveles en dichos guiones:

 

guiones culturales, guiones sub-culturales, guiones familiares

 

y guiones individuales. Cada una de estas instancias señala un

 

modelo actitudinal en una esfera específica del comportamiento

 

humano, un "rol" a ser cumplido por el individuo y cuyo contenido

 

básico puede ser encerrado en una etiqueta. Por ejemplo, el

 

guión cultural de un expedicionario inglés a comienzos de siglo

 

podría englobarse bajo el término de "civilizador(25)",

 

posición que comporta un catálogo de actitudes más o menos

 

previsibles. El guión sub-cultural se refiere al patrón de

 

comportamientos y valores de porciones homogéneas que comparten

 

una identificación en el seno de una cultura: West Side Story, el

 

film de Robert Wise y Jerome Robbins, nos habla del choque entre

 

dos guiones sub-culturales (jóvenes norteamericanos "puros" y

 

puertorriqueños). El guión familiar define un cuerpo de

 

comportamientos propio de un apellido, de una estirpe (El Honor

 

de los Prizzi, de John Huston, o casi cualquier tragedia griega).

 

Por último, el guión individual define una suerte de programa-

 

ción personal, segun James y Jongeward, referida a las

 

preguntas "¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Quiénes son los otros?"

 

(Para responderse, por ejemplo, como el detective Gites de

 

Chinatown de Huston: "Soy un terco. Me encanta meter las narices

 

donde no debo. Hay muchos que andan por ahí jugando sucio", o

 

bien, como Mr. Cross, el magnate corrupto del mismo film: "Soy un

 

triunfador. Soy dueño de lo que me rodea. Puedo hacer lo que

 

quiera con todo el mundo").

 

Guiones culturales, guiones sub-culturales, guiones familiares

 

y guiones individuales, constituyen pues, esquemas de conducta

 

que una vez escogidos, sitúan al personaje en el universo de sus

 

actitudes posibles y lo preparan para el desempeño de sus

 

acciones dentro de una modo particular de relacionarse con los

 

demás personajes.(26)

 

OTROS APORTES DEL ANALISIS TRANSACCIONAL

 

Si el diseño de los guiones de vida constituye un instrumento de

 

construcción a nivel macroscópico, hay otras dos herramientas

 

del análisis transaccional que pueden funcionar con eficacia para

 

el estudio microscópico de la acción, entendiendo por tal, a

 

aquel que se sitúa en el nivel de las modificaciones del

 

personaje en cada escena. Estas herramientas son el triángulo

 

dramático de karpman y el miniguión.

 

Karpman, discípulo de Berne, ha sintetizado en tres roles básicos

 

las posiciones que adoptan los individuos en sus interacciones

 

"dramáticas". Cita James y Jongeward:

 

En el análisis de un drama solamente se necesitan tres roles para

 

representar los reveses emocionales que constituyen el drama.

 

Estos roles activos ... son el de Perseguidor, el de Salvador y

 

el de víctima (o P, S y V en el diagrama). El drama comienza

 

cuando estos roles son establecidos o cuando los espectadores los

 

preven. No hay drama a menos que no haya cambio de roles... El

 

drama es comparable a los juegos transaccionales, pero el drama

 

cuanta con mayor número de sucesos, un mayor número de cambio de

 

roles por suceso y una sola persona representa a menudo dos o

 

tres roles al mismo tiempo.

 

P S

 

----------------

 

. .

 

. .

 

. .

 

.

 

V

 

Cada posición del triángulo se vincula con el guión de vida en

 

la medida en que cada individuo